Hasta ahora el concepto de “lo social” se construía en espacios no empresariales, pues todo espacio dotado de una economía propia y solvente era sospechoso de realizar malas prácticas, ser abusivo, especulador, e inevitablemente chocar con la posibilidad de crear un beneficio social real.

La idea de empresa grande, jerárquica, autoritaria, donde la disciplina y el control son sus mayores exponentes ha dado paso a otro tipo de “empresa”, pequeña, incluso unipersonal, flexible, horizontal, con un ambiente relajado y de confianza, estas empresas han ido ganando peso en el marco de la economía

Pero este mar de empresas que están surgiendo, huyen de su lado empresa-tiburón y buscan su lado empresa-social. Las ONG quizá hayan sido las primeras empresas de este tipo con una función social por definición y que pese a la utilización de otro nombre distinto a empresa e incluso reniega de dicha consideración, su labor fundamental es la empresarial en tanto que dota de economía propia a un sector desprotegido, como es el de “lo social”, “lo social” se profesionaliza.

En estas empresas nuevas, hay muchos otros perfiles, que surgen entorno a las redes, que usan las tecnologías, son empresas “al uso”, desarrollan la actividad profesional que quieren, pero dotan a su contenido de una intencionalidad social. Sin embargo, todavía lo empresarial y social siguen siendo campos diferentes, la empresa no tiene un valor social, pues la economía todavía está asociada al lucro desmedido, a la avaricia.

Sin embargo en estos momentos, las posibilidades de crear empresas propias, la viabilidad de las mismas, están produciendo un cambio de concepto de qué es una empresa, y por ello debemos plantearnos una serie de preguntas pues ninguno de los modelos empresariales, ni empresa tradicional, ni cooperativa ni ONG, se ajustan a la nueva situación.

En el marco actual, los valores de cooperación y colaboración están más extendidos pero no necesariamente ligados a figuras como las cooperativas, la cultura de la red proporciona dicho marco como “algo natural”. Al igual que la horizontalidad como una propiedad de las redes o la inmediatez, la conectividad, la disponibilidad, la difusión.

Es difícil la transición de la empresa en su concepto tradicional a la empresa que ahora se puede redefinir, principalmente gracias a las nuevas tecnológias y las nuevas formas que permite, tanto de organización interna como externa.

En el ámbito tradicional de la economía social se parten de algunos parámetros, que han de cuestionarse, pues fueron establecidos cuando la situación era otra, cuando el obrero era el de la fábrica, cuando la empresa era grande y garantizaba la contratación durante una vida entera, cuando el trabajo estaba ligado a un espacio físico, cuando la producción de objetos era símbolo de modernidad, cuando el ocio  era algo tangencial en la vida y el trabajo era la máxima expresión de dignidad humana.

Sin embargo, ninguno de esos parámetros se sostienen muy bien en la actualidad, empezando porque la vida no va ligada al trabajo (más bien al contrario), porque ya no hay obreros “de aquellos”, porque las empresas grandes se dividieron para adaptarse al trabajo en la red, porque lo inmaterial toma predominancia.

En medio de toda esa transición, algunas personas, que hemos creado cooperativas proviniendo del ámbito social pero ligadas a las TIC, como no nos vemos identificados con los cánones predeterminados, empezamos a cuestionarnos, si las cosas no podrían ser de otra manera, más aún si no está en mano de nuestras pequeñas empresas cambiar el concepto de economía, aunque sea para nosotras mismas.¿Porqué hemos de aceptar convenciones existentes, no podemos definir otras nuevas, adaptarlas, mejorarlas?

Así que nos surgen un montón de preguntas, que queremos ir poco a poco pensando, individual y colectivamente. Entre ellas se encuentran las siguientes:

¿El salario es la única forma de distribución de la riqueza que genera una empresa?
¿Es posible pensar en una economía desmonetarizada?
¿La horizontalidad total siempre beneficia a la cooperativa? Es posible llevar a cabo una jerarquía basada en el “mandar obedeciendo”?
¿Se puede separar lo personal de lo laboral en una cooperativa?
¿Los objetivos “naturales” éxito, crecer, sostenerse, trabajar como reconocimiento social son los que realmente queremos?
Crecer se plantea como la única vía de hacer sostenible una empresa ¿porqué?